Juan Guaidó llama a proteger la entrada de ayuda humanitaria en Venezuela

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Nicolás Maduro, en rueda de prensa desde la intimidad del Palacio de Miraflores. Juan Guaidó, rodeado de cientos de estudiantes y profesores en el Aula Magna de la Universidad Central, la más grande de Venezuela. El presidente encargado, a la ofensiva; el jefe revolucionario, defendiéndose como puede. El pulso desde la distancia, apenas seis kilómetros, entre los dos mandatarios del país, con la ayuda humanitaria que reclaman millones de ciudadanos como la clave principal del “Momentum” histórico.

“Hoy ya se ha instalado el primer centro de acopio en Cúcuta para atender a quienes más lo necesitan. No nos vamos a detener ante la amenaza, la usurpación y el miedo”, ha subrayado el presidente del Parlamento. “Venezuela no va a permitir el show de la ayuda humanitaria falsa, no somos mendigos de nadie. Es un regalo podrido, por dentro trae el veneno de la humillación”, ha respondido el líder bolivariano.

Un desafío inédito cargado de sorpresas, que van más allá de la anécdota. En el momento en el que Maduro ha alzado la voz para acusar a sus rivales internacionales de “querer imponer un Pinochet”, se ha ido la luz en el palacio presidencial. Una y dos veces, en el inicio de un gran apagón que ha afectado a varios estados y que ha dejado a oscuras zonas de la capital, obligando a los usuarios del metro a invadir sus túneles para salir del laberinto subterráneo.

El “hijo de Chávez” se ha quedado a oscuras en un golpe de realidad, esa que se empeña en aparecer todos los días por todos los rincones del país. El segundo corte eléctrico se ha prolongado durante varios minutos, lo que ha provocado el enfado presidencial. Maduro ha buscado con la mirada a su Ministro de Energía Eléctrica, el general Luis Motta Domínguez, para cuestionarle. “Voy a averiguar”, ha balbuceado el dirigente, objeto de mofa nacional por las excusas que inventa, desde ataques terroristas hasta “golpes de Estado” eléctricos, para justificar el pésimo servicio que gestiona. “Ya tú deberías saber”, ha agregado Maduro con evidente enfado.

Según el Comité de Afectados por los Apagones, durante los seis primeros meses de 2018 se produjeron 16.000 interrupciones del servicio eléctrico. En el estado fronterizo del Zulia, el más poblado del país, los apagones durante enero se prolongaron hasta siete horas los fines de semana. “No quieren que se sepa la verdad”, se ha defendido Maduro, culpando de nuevo a “manos negras” imperialistas por una crisis eléctrica que ya cumple una década.

Así están las cosas en Venezuela ante el desafío impuesto por el Parlamento. A lo largo de este fin de semana, la oposición se organizará para la gran marcha del martes, Día de la Juventud, cuando “toda Venezuela volverá a las calles”, como ha anunciado hoy Guaidó. Durante estos días, se organizará a los voluntarios dispuestos a recibir la ayuda humanitaria, concentrada ahora a pocos metros del puente fronterizo de Las Tienditas, rebautizado como el Puente de la Unidad por las autoridades colombianas y los diputados encargados por el Parlamento.

“Son unos miserables los que no permiten que ingrese la ayuda. No es un capricho, no es una migaja, no es una limosna es necesidad a la que su régimen empujó a Venezuela”, ha atacado el presidente encargado al presidente de facto. Para todo aquel que no lo tenga claro, el ingreso de la ayuda mide las fuerzas de unos y otros. De ahí la trascendencia que el Parlamento otorga al apoyo popular para recibir los medicamentos. El Gobierno confía en que las fuerzas militares obedezcan a los 2.000 generales y que no se resquebraje el muro impuesto por la revolución.

“Si se atreven a seguir bloqueando caminos, a seguir obstaculizando la vida de los ciudadanos, entonces vayamos todos a abrir el canal humanitario”, ha sentenciado Guaidó. “Si Maduro ordenara atacar o detener los convoys de ayuda humanitaria, trasladados por funcionarios civiles o militares norteamericanos en territorio venezolano, sería asumido por EEUU como un acto hostil de quienes consideran un régimen de facto contra una ayuda solicitada por quienes consideran el Gobierno legítimo”, ha resumido el politólogo Luis Vicente León.

Venezuela vive ya una guerra de nervios, que cada uno digiere como puede. Las imágenes de los camiones entrando en Cúcuta han provocado reacciones mucho más allá de la solidaridad del envío. Gustavo Contreras, de 32 años, lo ha vivido en directo. Natural de Los Teques, a media hora de Caracas, lleva dos años como emigrante en Cúcuta. Por eso, se ha dejado llevar por los sentimientos. “Estas ayudas traen mucha esperanza para todos nosotros, para los que estamos afuera y los que siguen dentro del país”, ha señalado.

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